La ozonoterapia es una herramienta terapéutica utilizada desde hace décadas que, aplicada mediante protocolos adecuados y por profesionales formados, presenta un buen perfil de seguridad. En los últimos años ha despertado además un creciente interés científico, con un aumento de las publicaciones que estudian sus mecanismos de acción, seguridad y posibles aplicaciones clínicas. Por tanto, no se trata de una pseudoterapia, terapia new age o de algo experimental.

Para entender qué es la ozonoterapia y cómo funciona, resulta útil empezar por algo mucho más cotidiano: el oxígeno. Lo necesitamos constantemente para producir la energía que permite funcionar a nuestras células y, sin embargo, también participa en los procesos de oxidación relacionados con el envejecimiento. De alguna manera, el oxígeno nos da la vida y también, poco a poco, nos la quita.
Habitualmente asociamos la oxidación con algo negativo. Hablamos de estrés oxidativo, radicales libres y antioxidantes, y tendemos a pensar que cualquier proceso oxidativo debería evitarse. Sin embargo, nuestro organismo necesita cierto grado de estrés para funcionar correctamente y, sobre todo, para adaptarse.
El ejercicio físico es probablemente el mejor ejemplo. Cuando hacemos ejercicio aumenta nuestro consumo de oxígeno y también, temporalmente, la producción de sustancias oxidantes. Este pequeño estrés no es necesariamente perjudicial. Al contrario, actúa como una señal que estimula diferentes mecanismos de adaptación y hace que nuestro organismo esté mejor preparado para afrontar futuros esfuerzos.
Este fenómeno se conoce como hormesis: un estímulo que podría resultar perjudicial en grandes cantidades puede producir una respuesta adaptativa cuando se aplica de manera moderada y controlada.
Desde esta perspectiva podemos entender mejor la ozonoterapia, que puede considerarse una forma de terapia microoxidativa. El objetivo no es introducir grandes cantidades de ozono en el organismo, sino provocar un estímulo oxidativo breve y controlado que genere posteriormente una respuesta del propio organismo.
El ozono es una molécula muy reactiva y su acción inicial genera diferentes señales biológicas. Como respuesta a este pequeño estímulo, pueden activarse sistemas antioxidantes propios del organismo y modularse diferentes procesos relacionados con la inflamación, la circulación y el metabolismo celular.

La ozonoterapia se utiliza como tratamiento complementario en diferentes situaciones, especialmente en algunos procesos musculoesqueléticos y relacionados con el dolor, además de otras aplicaciones estudiadas en medicina integrativa.
La evidencia científica disponible no es igual para todas sus posibles aplicaciones, por lo que no debe entenderse como una solución universal ni como un sustituto sistemático de otros tratamientos.
Quizá uno de los aspectos más interesantes de la ozonoterapia sea precisamente la reflexión que plantea sobre nuestra propia fisiología. Salud no significa necesariamente eliminar cualquier forma de estrés. Nuestro organismo necesita alternar estímulo y recuperación, oxidación y protección, actividad y descanso.
A veces, una pequeña dificultad, administrada en el momento y en la cantidad adecuados, puede convertirse en una señal para que el organismo ponga en marcha sus propios mecanismos de adaptación.
Si crees que el ozono como herramienta de Salud puede ser de utilidad en tu caso, te animo a contactar con un profesional con formación en este campo.
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