En el artículo anterior vimos que durante la menopausia el hígado, el intestino y el tejido adiposo adquieren un papel especialmente importante en el mantenimiento del equilibrio hormonal. La pregunta lógica es: ¿cómo podemos apoyar estos procesos de forma práctica?
La respuesta no suele encontrarse en medidas drásticas ni en protocolos extremos. El cuerpo tolera bien los cambios progresivos y peor los procesos drásticos y excesivamentes restritivos. Tampoco buscamos una catarsis, porque ya bastantes síntomas puede haber como para aumentarlos de manera innecesaria.

Uno de los principios fundamentales de la depuración a través de la alimentación, es la evoluciona progresiva durante varias fases. En lugar de imponer cambios bruscos desde el primer día, se recomienda realizar una transición decidida pero suave hacia una alimentación más ligera y sencilla. Esto permite que el organismo se adapte sin generar una sensación excesiva de restricción o estrés.
A medida que avanzan los días se deben reducien aquellos alimentos que suelen representar una mayor carga digestiva y metabólica, mientras aumenta el protagonismo de verduras, frutas frescas y preparaciones sencillas que facilitan el trabajo digestivo. El objetivo es liberar recursos para que el organismo los pueda poner al servicio de los procesos de reparación, regulación y eliminación.
Por cierto, si aparece hambre hay que hacer ajustes, si no, esa energía que estamos ahorrando de otros procesos se gastará en rumiación, dudas, enfado…. y hará que el proceso sea menos eficiente y mucho menos placentero. Porque sí, hay un placer en el cuidar el cuerpo desde una alimentación más sencilla y ligera, no es una penitencia.
Como ya indicamos, el hígado es uno de los grandes protagonistas de cualquier proceso de detoxificación.
Por ello se recomienda incorporar de manera rutinaria alimentos que aportan compuestos capaces de apoyar sus vías fisiológicas de transformación y eliminación. Entre ellos destacan las verduras crucíferas como el brócoli, la coliflor, las coles de Bruselas, la rúcula o el rábano, que contienen sustancias implicadas en el metabolismo hormonal y en los procesos de detoxificación hepática. ¿Has oído hablar del sulforafano o del glutation? Son los grandes reguladores de los procesos depurativos hepáticos.
También ocupan un lugar importante los alimentos de sabor amargo, tradicionalmente utilizados para estimular la función digestiva. Endivias, escarola, achicoria, alcachofa o determinadas hierbas amargas forman parte de esta estrategia. No se trata de utilizar suplementos complejos ni fórmulas milagrosas, sino de aprovechar recursos que la naturaleza lleva proporcionando desde siempre.
El apoyo de plantas con conocidas propiedades drenantes como el boldo, la bardana, la zarzaparilla o el cardo mariano, puede ser una herramienta útil en casos concretos y con la guía oportuna.
Aunque la nutrición constituye la forma más fácil de estimular los procesos depurativos del cuerpo, no es la única herramienta que podemos utilizar.
La piel es uno de los órganos más extensos del cuerpo y también participa en procesos de eliminación. Por este motivo se pueden utilizar prácticas sencillas como el cepillado en seco, que favorece la circulación superficial y el drenaje linfático. La actividad física suave, los paseos al aire libre y los ejercicios de movilidad ayudan igualmente a movilizar fluidos y mejorar la sensibilidad metabólica. Cuando las circunstancias lo permiten, el uso de sauna puede convertirse en un complemento interesante. El aumento de la sudoración forma parte de los mecanismos naturales mediante los cuales el organismo mantiene su equilibrio interno.
Igualmente importante es el descanso. Muchas de las funciones de reparación y regulación se intensifican durante el sueño, por lo que mejorar la calidad del descanso forma parte esencial del proceso. Si el cuerpo te pide descanso, no lo dudes, no se equivoca.

Un elemento que puede cambiar de manera sustancial la vivencia de un proceso depurativo es el apoyo del grupo. Cuando se ha experimentado el proceso de manera individual o grupal, suele sorprender cuánto cambia la experiencia La menopausia es una experiencia profundamente personal, pero también compartida por millones de mujeres. Cuando un grupo de mujeres recorre el mismo camino al mismo tiempo se crea un entorno de apoyo difícil de reproducir de forma individual. Surgen preguntas que otras personas también se estaban haciendo, aparecen experiencias comunes y se comparten soluciones prácticas que enriquecen el proceso.
En muchos casos, el aprendizaje más valioso no procede únicamente de los contenidos del programa, sino de la posibilidad de sentirse comprendida por personas que están atravesando una etapa similar. Porque la detoxificación no consiste únicamente en cambiar temporalmente la alimentación. También puede convertirse en una oportunidad para reconectar con el propio cuerpo, comprender mejor los cambios de la menopausia y descubrir nuevas herramientas para afrontar esta etapa con más energía y confianzal
Te animo a encontrar un grupo al que unirte a un grupo de mujeres en el mismo proceso en el que estás y a no conformarte con la vaga respuesta de «lo que te pasa es normal» que muchas veces encuentras en la medicina oficial.
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