La menopausia a menudo se vive como una sensación de que “mis hormonas me han fallado”. Sin embargo, desde un punto de vista fisiológico, no se trata de un fallo, sino de un reajuste para buscar un nuevo equilibrio. Las hormonas que se producían en el ovario ya no están presentes y esto desencadena una serie de cambios directos y otros debidos a los mecanismos de adaptación que se ponen en marcha.

El cambio más evidente es la disminución de estrógenos, lo que condiciona cambios en distintas esferas:
– Disminuye la sensibilidad a la insulina
– Aumenta la tendencia a acumular grasa, especialmente en la cintura
– Se altera el control del apetito
– Cambia la termorregulación
– Se modifica el perfil lipídico
– Se acelera la pérdida de masa ósea
A menudo se piensa que en la menopausia hay más producción de andrógenos, pero en realidad es sólo un cambio en la cantidad relativa de andrógenos y testosterona. Esto va a condicionar el debilitamiento del pelo, la acumulación de grasa con un patrón abdominal y el incremento de riesgo cardiovascular.

Uno de los cambios más llamativos es el aumento de grasa corporal, especialmente en el tronco. Este proceso tiene una lógica adaptativa: acumular grasa es un intento del cuerpo de mantener el equilibrio hormonal previo. El motivo es que el tejido adiposo contiene la enzima aromatasa, capaz de convertir precursores hormonales en estrógenos. El organismo intenta compensar la caída de estrógenos produciéndolos en el tejido graso.
Durante la menopausia hay menos estrógenos en términos absolutos. Sin embargo, el equilibrio no depende solo de cuánto se produce, sino también de cómo se metaboliza.
Aquí entra en juego el hígado. Aunque la carga hormonal total sea menor, su capacidad funcional también puede disminuir con la edad, el estilo de vida o la inflamación. Como resultado, el sistema de detoxificación hormonal puede volverse relativamente menos eficiente.
Esto significa que el problema no es solo “tener menos hormonas”, sino cómo se gestionan las que hay.

Existe una interacción importante con la microbiota intestinal, conocida como estroboloma. Este conjunto de bacterias regula qué parte de los estrógenos se elimina y cuál se reabsorbe.
Cuando el hígado metaboliza los estrógenos, estos se eliminan en parte a través de la bilis hacia el intestino. En condiciones normales, una parte se elimina a través de las heces, pero otra puede ser modificada por la microbiota y reabsorbida de nuevo hacia la circulación.
Cuando hay desequilibrios intestinales se reabsorben parte de los estrógenos que deberían eliminarse, favoreciendo patrones menos eficientes de eliminación que en definitiva llevan a perpetuar la alteración en el equilibrio hormonal global
Esto convierte al intestino en un actor relevante en la menopausia, ya que no sólo participa en la digestión, sino también en la regulación del entorno hormonal.
Con esta información tenemos una base de qué ocurre en el organismo en menopausia, y esto es una gran ventaja a la hora de poner en marcha estrategias de cambio, ya que ése es el objetivo final.
En el siguiente artículo se explicará cómo adaptar de manera práctica la alimentación y el estilo de vida para apoyar este proceso sin generar estrés adicional, que es uno de los errores habituales que llevan a elevación del cortisol. Que por cierto, tendrá su propio artículo pronto.
| Title: | Cookielay |
| Name: | cookielay |
| Provider: | Cookielay |
| Function: | Saves the cookie settings of the visitor. |
| Lifetime: | 1 year |
| Privacy policy: | www.cookielay.com/privacy-policy |
| Imprint: | www.cookielay.com/imprint |
| Title: | Google Analytics |
| Name: | _ga, _gat, _gid |
| Provider: | Google LLC |
| Function: | Required for the operation of Google Analytics, an analysis tool of Google LLC, which tracks and analyzes user behavior. |
| Lifetime: | 2 years |
| Privacy policy: | policies.google.com/privacy |